Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.
Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber.
Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.
Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.
Es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero es seguro que se podrá conseguir con apenas tres palabras impregnadas de afecto.
No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino.
Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.
Sé esclavo del saber si quieres ser verdaderamente libre.
Tenemos los vicios ajenos delante de los ojos y los propios a la espalda.
Todo el mundo aspira a la vida dichosa, pero nadie sabe en qué consiste.
Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.
No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.
No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje.
Lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama.
El hombre que dice, "no puede hacerse", será sorprendido por alguien que lo haga.
El hombre que domina a otros hombres es fuerte, pero el hombre que logra dominarse a si mismo es poderoso.
El maquillaje que embellece más es una sonrisa sincera.
El mundo se hace a un lado cuando el hombre sabe lo que quiere.
Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
El abogado es un hábil caballero que se ocupa de cuidar nuestros bienes de nuestros enemigos para poder quedárselos él.
El afortunado hallazgo de un sólo libro puede cambiar el destino de un hombre.
El alma femenina es de una simplicidad que los hombres no pueden imaginar. Ellos buscan complicaciones, tropiezan en el vacío y se pierden.
El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea. El hombre libre nada desea.
¡Son tantos los mortales que no pueden digerir la felicidad! La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.

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